El valor del tiempo: De la entrega absoluta a la libertad del emprender.
Compartir un fragmento de mi historia es, en esencia, honrar el camino recorrido.
Todo comenzó hace años, durante un almuerzo cotidiano, cuando una colega me habló de una oportunidad en uno de los grupos editoriales más prestigiosos del país. Aquella chispa fue suficiente; al finalizar la jornada, me presenté en la empresa con mis atestados bajo el brazo y la determinación como guía.
Fui recibido con una amabilidad que aún recuerdo. En ese momento, se realizaba un proceso de selección para un proyecto crítico de cuatro meses: la implementación de un sistema de investigación de mercados y servicio al cliente.
El reto era mayúsculo, no solo por la responsabilidad, sino por el sacrificio que exigía: el horario se extendía desde las 6:00 p. m. hasta la medianoche. Fui aceptado en el acto y comencé de inmediato.
Durante un tiempo, mi vida se convirtió en una maratón de voluntad. Iniciaba mi primera jornada a las 7:30 a. m., terminaba a las 4:00 p. m. y cruzaba la ciudad a contrarreloj para cumplir con mi segundo compromiso hasta las doce de la noche.
Las primeras cuatro semanas fueron extenuantes, un bautismo de fuego que puso a prueba mi resistencia. Sin embargo, el cansancio se transformaba en satisfacción al ver cómo mi aprendizaje y mis ahorros crecían en paralelo.
Ese esfuerzo dio frutos: tras un año de interinato, logré una plaza permanente en horario diurno. Lo que comenzó como un proyecto de cuatro meses se transformó en una trayectoria de 23 años de entrega absoluta.
En ese largo capítulo viví de todo: alegrías profundas, desafíos que parecieron muros y victorias que celebré con el alma. Como asesor comercial en 2014, alcancé una meta histórica del 200%, un logro que no fue producto del azar, sino de una dedicación inquebrantable.
Pero todo ciclo, por más exitoso que sea, tiene su ocaso. En 2018, impulsado por las circunstancias de la vida, decidí cerrar esa etapa. Tras un año dedicado al estudio y la introspección, busqué un nuevo horizonte en un lugar que siempre había idealizado. Llegué con el anhelo de aportar mi conocimiento y construir una cultura de "familia" en un entorno que lo necesitaba con urgencia.
Los primero meses fue una experiencia gratificante en las áreas donde logré impactar positivamente, pero también fue una lección de realidad. Al definir mis prioridades actuales, comprendí que el talento y el tiempo son activos demasiado valiosos para desperdiciarlos en entornos donde no existe el reconocimiento.
Esa claridad fue el impulso final. Comprendí que ya no quería construir los sueños de otros, sino los propios. Este era el momento de emprender.
0 Comments: